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Muebles en Cárcer
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HISTORIA DE Cárcer
"Carzre", como pronunciaban los antiguos valencianos, se halla emplazado en el centro del valle del que tomó su nombre. Este valle fue conocido con los nombres de Broto y de las Flores. El botánico Cavanilles lo denominó por su ubérrima producción, Cárcer, y Madoz, allá por el año 1846, le llamó valle de la Muerte a conseqüencia de unas fiebres que cogío al beber de una fuente que estaba contaminada.Los àrabes lo llamaron el Valle de las Flores. Estas denominaciones respondían a un auténtico sentido de la realidad. Antes de que se introdujera en él el cultivo del arroz era hermoso, sano, fresco alegre y apacible, convidando a disfrutar de una vida plácida y tranquilo.
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Según el padre Lerchundi, Carzre significa en árabe sitio de reposo, quietud y tranquilidad. Sin embargo, el nombre es, al parecer, latino y deriva de la situación geográfica del valle, semejante a la de una cárcel, cuyos muros están constituidos, en este caso por las sierras de Gabarda y Antella, Montot y Realeng, que lo rodean por los lados norte, oeste y sur; la puerta de entrada queda al este, en el espacio existente entre el espolón de la sierra de Gabarda y el del Castellet de Señera.
Cárcer debió de nacer a raíz de la ocupación del valle por los árabes, allá por los años 713 ó 714. Así parecen indicarlo los restos encontrados. Pruebas de este aserto constituyen también la desaparecida iglesia, que antes fue mezquita; las fábricas de cerámica y azulejos; el no haberse encontrado, hasta ahora, restos de utensilios o habitaciones de épocas anteriores a los musulmanes; y, por último, los nombres de algunas partidas, como la del Ravalet, derivada de la palabra árabe rahal, que significa arrabal, y la del Socá, corrupción de Xocá, nombre de un poblado desaparecido que hace tiempo que se hallaba situado en dicha partida.
Nominalmente al menos, el primer señor de Cárcer fue don Pedro Fernández, señor de Albarracín y de Azagra, a quien el rey don Jaime I lo concedió en 5 de agosto de 1237, es decir, cinco años antes de la reconquista del valle y mientras el soberano se hallaba sitiando por segunda vez la ciudad de Valencia. Es posible que esta donación fuese revocada, o que don Pedro Fernández no tomase posesión del pueblo, puesto que en 1242 Jaime I vuelve a conceder la alquería llamada Cárcer, con sus pertenencias -excepto molinos y hornos-, a Gonzalbo Juan Domínguez, a Sebastián, consobrino de Martín de Sicilia y a otros cuarenta y siete pobladores. En el mismo año el rey hizo donación de tierras del valle a otras veinte personas.
Escolano habla de Cárcer en los siguientes términos: "Ras de Sumacárcer se recuesta sobre la ribera del Júcar el lugar de Cárcer o Carzre, como pronunciaban los primeros valencianos de la conquista. Sus casas, cerca de doscientas de moriscos y a nivel labradas, que con las acequias y todas ellas y sus calles tan curiosamente de agua clara que cruzan por ellas y los muchos parrales que en forma de soportales cubren las puertas de las casas, hacen el lugar uno de los apacibles y graciosos del reino".
Otros antecedentes dejan entrever la existencia, en tiempos remotos, de una calle en la que habitan cien doncellas simbolizadas en las cien parras que la sombreaban y adornaban. Esta gran calle de las cien parras debía de ocupar los terrenos que hoy forman las partidas de la Señoría y Ravalet. Su trazado fue seguramente bastante irregular, con trayectos rectos y otros formados por curvas más o menos cerradas. A lo largo de toda ella debieron de discurrir, a cielo abierto, las acequias del Racó y de la Señoría, que, como es característico en los poblados árabes, formarían una especie de canal de circunvalación destinado al riego y a los desagües. Años después, desaparecerían las parras, la hermosa calle se llamó del Olivo a causa del que creció en ella.
Según el historiador Francisco Diago, documentos anteriores a 1384 acreditan la existencia de fábricas de cerámica en Cárcer y hasta citan algunos nombres de ceramistas que vivieron entre los años 1317 y 1326. Pero así como las fábricas de cerámica de Paterna fueron absorbidas por las creadas en el vecino pueblo de Manises, las de Cárcer desaparecieron con la despoblación ocasionada por las frecuentes epidemias, despoblación terriblemente agravada por la expulsión de los moriscos, quien al marchar se llevaron consigo el arte de la fabricación, ya que los cristianos que quedaron, por falta de manos o de técnicos, se sintieron incapaces de mantener estas industrias.
Que Cárcer fue rico e importante lo atestigua también el hecho de que al fijar el rey don Jaime el Conquistador la primera contribución que impuso a los moros después de la Reconquista, en 24 de septiembre de 1257, exigiese a los de Cárcer y Sumacárcer - puesto que esta población dependía de la primera- el pago de cien besantes, cantidad igual a la que exigía a los moros de Alcira, y mitad de la que solicitó de los de Valencia, cuya contribución fijó en 200 besantes.
En esta primera contribución impuesta por el rey don Jaime al reino de Valencia, figuran sólo veintiséis pueblos, siendo de suponer que serían los más importantes, y entre todos los del valle únicamente Cárcer aparece en la relación.
Está doumentada extensamente la belleza y tranquilidad del valle, en el que debía de abundar la caza, como lo prueba una provisión de 1526 existente en el Archivo Municipal de Játiva, en la que se dispone que vayan cazadores al valle de Cárcer a cazar francolíns (especie de perdiz, extinguida actualmente en Europa) para el duque de Calabria.
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